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Tres décadas, se dice pronto. Desde aquel primer encargo que hizo BMW a su sección deportiva BMW Motorsport GmbH para que creara el turismo más rápido que nadie hubiese conocido jamás, hasta hoy, el mundo ha evolucionado a la misma velocidad que el M3. En total, cinco generaciones que a lo largo del tiempo han propuesto soluciones tecnológicas que después se han ido adaptando a los modelos convencionales de la gama de la marca bávara. Para ver y palpar esta evolución, qué mejor que hacerlo disfrutando del primero y del último de la saga de los M3 en el Circuito del Jarama (Madrid).

Abrir la puerta del primer M3 (E30, en su denominación interna) es como entrar en el túnel del tiempo. Una especie de bofetón metafórico me traslada a mi infancia de golpe y me imagino a personajes tipo Keke Rosberg (el padre de Nico), con bigote, zapatillas deportivas blancas y anuncios de Marlboro. Muy ochentero todo. BMW tuvo que matricular 5.000 unidades de calle de este modelo para poder cumplir con las exigencias de la normativa si quería crear un Serie 3 de competición, del Grupo A. Pero la expectación fue tan alta que, al final, se produjeron casi 18.000 unidades de este primer M3. Sencillo, casi espartano, con la instrumentación totalmente orientada al conductor, una de las cosas que más llama la atención es la caja de cambios invertida (la primera velocidad está donde tendría que situarse de forma natural la segunda).


El M3 E30 abrió el camino de una saga mítica, prácticamente sin hacer ruido. Hoy ya es un clásico pero conducirlo sigue siendo una experiencia fascinante"
En 1992 llegó la segunda generación (E36), probablemente el menos querido por el gran público porque su estética no se diferenciaba mucho de un Serie 3 normal. Pocas pretensiones estéticas pero sí mecánicas. Pionero en montar un motor de 6 cilindros, en su última evolución llegó a alcanzar una cifra de potencia máxima de 321 CV. Ocho años más tarde, en el año 2000, nacía la tercera generación (E46), el M3 'bestseller', con un total de 85.000 unidades vendidas. Seguía manteniendo el motor de 6 cilindros (toda una seña de identidad de BMW) pero con un nivel más alto de potencia -343 CV- y de prestaciones. De esta estructura se recuerda especialmente la versión CSL, un modelo de culto del que se fabricaron pocas unidades, mucho más ligero y rápido.

En 2007 llegó la imponente mecánica V8 de cuatro litros al M3 (E90), con una cifra de potencia de 420 CV. Es el primero de la era más reciente, que por primera vez incorporaba la compleja caja de cambios de doble embrague DKG de siete velocidades. Entraba en una nueva dimensión, la actual, que nos lleva hasta hoy con el F80, que regresa a los 6 cilindros pero se apoya en el turbo para conseguir más fuerza (431 CV). Su objetivo es, básicamente, optimizar y mejorar el rendimiento sin que se incremente el consumo y las emisiones. Es el primero también que, en parte, pierde la denominación M3 cuando se refiere al coupé (M4). Cosas del marketing...

En 30 años, del E30 al F80, el M3 ha evolucionado tanto que no hay más que darse una vuelta al circuito, en fila india y en orden cronológico, para percibir de inmediato que al volante del último eres capaz de 'pasar por encima' al resto, en las mismas condiciones, casi sin mover las manos. El M3 de 1985 te exige 'manos', conocimiento y sangre fría cuando buscas sus límites. A cambio, el nivel de satisfacción es más elevado. En el actual ocurre que cualquiera puede llegar a pensar que su nivel de conducción es más alto. Los controles apenas permiten latigazos del eje trasero (cosa que no ocurría por cierto con el anterior, el E90) y se puede ir muy rápido con mucha seguridad. El cambio automático es tan efectivo que te olvidas prácticamente de que existe. El paso del tiempo ha moldeado y perfeccionado al M3, una máquina cada vez más potente y, a la vez, domesticable.